Estrategias para motivar a los niños a estudiar en casa

1. Establecer horarios en el que haya hueco para el ocio y el trabajo.

Establecer unos hábitos y rutinas para que conozcan todas sus actividades y cómo va a ser la planificación. Es recomendable que los niños dispongan de tiempo libre en el que pueden dedicarse a lo que más les gusta y en el que también le sea avisado con antelación para que se estructuren y adecúen al horario.

Este horario debe ser realizado con el niño, de manera que se llegue a un acuerdo intermedio o negociación. Si el niño se siente partícipe de las decisiones, colaborará con mayor facilidad.

2. Fomentar la concentración.

En función de las posibilidades, se debe controlar al máximo cada aspecto que pueda fomentar la concentración. La idea es que el espacio de estudio esté lo más aislado posible y disponga de todo el material necesario, para que no haya interferencias y no se levanten hasta que hayan finalizado las tareas. Aquí es donde entra la ayuda, intentar dejarles independencia pero haciéndoles saber que para cualquier duda pueden pedir ayuda, aunque esa ayuda no implica darles las soluciones, sino ayudar a su comprensión.

3. Trabajar el interés del niño por la tarea.

Esta es una parte importantísima pero compleja de conseguir, hay niños desafiantes y negacionistas que cuesta motivar. Sin embargo se les puede ayudar a esto a través de preguntas que impliquen conectar con sus experiencias de vida y que les lleven a cuestionarse su mundo, en definitiva que despierten la curiosidad y el interés por descubrir aquello que hay que estudiar, pero aplicado a su día a día.

4. Marcar objetivos alcanzables y concretos

Para fomentar la motivación de los más pequeños, otra forma es establecer objetivos concretos pero pequeños, es decir, a corto plazo. De esta forma, se irán consiguiendo poco a poco, serán conscientes de las repercusiones tanto en recompensas positivas como en consecuencias negativas, en el cole, en la familia y en sí mismos.

Por último, señalar que hay que tener cuidado especialmente en la fijación de metas, pues si estas son demasiado ambiciosas podría ser contraproducente para el pequeño, no alcanzarlas supondría un aumento de su frustración y por tanto, una disminución de la motivación.

5. Adaptaciones personalizadas al niño.

Debemos ser conscientes en todo momento de cuáles son las necesidades, intereses y características de los niños, pues cada uno es diferente al resto y sus capacidades para el aprendizaje responden de forma distinta.

Siempre se debe comenzar probando, pero en el momento de que la técnica no está funcionando se debe de cambiar hasta encontrar con aquella con la que el niño se siente cómodo y potencia su aprendizaje.

Estas técnicas por ejemplo pueden ser desde el estudio con esquemas, resúmenes, hablado, o con dibujos.

6. Congruencia.

Una vez fijados los horarios del niño, se deben fijar los horarios del resto de los miembros de la casa para que se pueda mantener un orden y se respeten los turnos en cada circunstancia. Así, mientras el niño estudia, el adulto se dedicará a supervisar la tarea, por lo que estará en un lugar suficientemente cercano al lugar de estudio del niño, además de que en ese rato la casa tendrá un ambiente tranquilo que permita el trabajo individual.

Una vez terminado el tiempo de estudio, siempre que se haya cumplido con el horario, se debe otorgar aquello que se estableció previamente.

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