El efecto Pigmalión o cómo las expectativas influyen a tus hijos

¿Sabías que si esperas que tus hijos traigan buenas notas puedes ayudar a que las consigan? Los padres pueden influir en sus hijos a través de sus expectativas y creencias. Esto es lo que se conoce como el efecto Pigmalión.

El efecto fue descubierto por Rosenthal y Jacobson en 1968. Estos autores experimentaron en un colegio con la intención de averiguar si los niños pobres empeoraban o mejoraban sus notas según las expectativas de su profesor. Para ello, les dieron a los profesores información falsa sobre las capacidades de los alumnos.

Los investigadores descubrieron que cuando un profesor creía que su alumno tenía bajas capacidades intelectuales se implicaba menos, se esforzaba menos en enseñarle y cambiaba su comportamiento. De esta forma, sus expectativas influían en el aprendizaje de los niños.

El lenguaje puede transmitirles inseguridad.  A través de lo que sus profesores y padres les dicen, los hijos aprenden el rol que les corresponde y cómo deben comportarse.

También debes prestar atención al lenguaje no verbal porque decir “creo en ti” sin acompañar lo que dices con gestos de aprobación o el tono de voz, no sirve de nada.

La atención que le proporcionas según las actividades que realiza también es importante. Puede ser que prestes menos atención a tu hijo en actividades que crees que se le dan mal. Y atenderás más aquellas en las que crees que sobresale.

Muchos padres intentan ayudar a sus hijos a través de la crítica y, aunque tienen la mejor intención, pueden estar reforzando la imagen que tiene su hijo sobre sus propias habilidades.

Por otra parte, si consideras que tu hijo no es buen estudiante o que no vale para ciertas asignaturas, puedes terminar exigiéndole menos trabajo y esfuerzo. Esto hará que se esfuerce aún menos en aprobar.

¿Qué puedes hacer para que tus expectativas influyan positivamente en tus hijos?

Intenta que tu hijo tenga más confianza en ti mismo y trate de esforzarse un poco más. Para ello, intenta ser consciente de la forma en que le miras, ¿qué expectativas tienes sobre ellos?

Reconoce sus cualidades, todos tenemos campos en los que sobresalimos. Intenta eliminar los deseos sobre lo que querrías que fueran y respeta los que tu hijo elija. Tiene sus propios sueños y deseos.

Por último, crea un ambiente motivador que alimente su esfuerzo, no el resultado. Atiende a sus avances, por pequeños que sean. Cuanto más refuerces el esfuerzo más intentará tu hijo superarse a sí mismo.

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